LSD

La Dietilamida del Ácido Lisérgico o LSD es un potente alucinógeno fabricado en laboratorio y conformado por compuestos químicos cuya función principal es alterar el estado de ánimo. Actualmente, las dosis de LSD que circulan por las calles son muy inferiores si tomamos como referencias las dosis que eran comercializadas en los años 60’s, ahora, las dosis solo van de veinte a ochenta microgramos de LSD por cada una. Esta droga insípida, inodora e incolora, de administración sobre todo oral, se vende mayormente en presentación de pastillas, aunque, se va haciendo más comercial su presentación en líquido, la misma que da nombre a uno de sus principales apelativos: “Ácido”.
Sus efectos se presenten alrededor de una hora después de ingerirlo y varían según la cantidad consumida, perfil psicológico del usuario, estado anímico, y otros. Luego de este lapso de tiempo aparecen las primeras reacciones que van desde la dilatación de las pupilas, sudoración, sed, disminución de hambre, hasta, temblores y, incremento de la temperatura corporal y la presión. Si el usuario ingiere una dosis elevada puede sufrir, además, delirios, alucinaciones y situaciones de pánico. El “viaje” como suele conocerse a la etapa en que la persona se encuentra bajo los efectos de la droga, suele prolongarse hasta las 12 horas posteriores a su ingesta.
En las personas que utilizan esta droga de forma crónica, es común que padezcan de “flashbacks” atemorizantes o terroríficos, hasta más de doce meses después de haber vivido la experiencia, aunque, también se han presentado casos similares en personas que solo usaron la droga en una sola ocasión.
A pesar de sus estragos en el organismo, esta droga no es considerada como adictiva, aunque sí produce tolerancia.